La superestrella de las manos desnudas. Patrick Edlinger.

Para ser recordado

por Alfredo Merino.

Pocos espectáculos deportivos son mas impresionantes y de mayor belleza plástica que ver escalar a Patrick Edlinger. Agarrado a cualquier pared caliza del desfiladero del Verdon, a 300 metros del suelo, ascendiendo por un lienzo de roca bruñido con un espejo, el atlético torso desnudo y sin mas aparejo que la bolsa de magnesio para evitar el sudor de las manos y su inconfundible cinta sujetando la rubia melena, es una visión sobrecogedora.
Incapaz de dejar indiferente ni a sus colegas escaladores, ni a los espeluznados turistas que se asomaban a las barandilla del profundo cañón. Así te conocí y así le recordaré siempre. Era comienzos de los 80 y acabábamos de llegar a esta escuela de escalada de Provenza después de un interminable viaje nocturno. Tomábamos café en La Palud sur Verdon, cuando se corrió la voz de que Le Blonde escalaba en solitario una vía de dificultad extrema. Fue un movimiento en masa. Todos los escaladores que andaban por allí desocupados, algunos vecinos, los turistas que decidieron seguir a la gente, hubo quien incluso cerró su comercio por ir a verle. Mereció la pena.

Allí estaba, la melena al viento, movimientos precisos, haciendo sencillo lo que era la mayor dificultad de entonces. Más que escalar, Edlinger interpretaba un ballet vertical cuyo compromiso extremo impedía el menor traspiés, al mismo tiempo que eliminaba la fuerza de la gravedad con su embrujo. A fuerza de acariciar las mínimas rugosidades de la roca con la yema de sus dedos, anulaba el poder de la muerte.

Figura clave en la evolución de la escalada en los años 80, junto con Wolfgang Güllit, Kurt Albert, Patrick Berhault y Catherine Destivelle, Patrick Edlinger sentó las bases que cambiaron los deportes de la montaña, por aquel entonces metidos en un callejón sin aparente salida. Antes que el fin, en este caso la cima o una ruta determinada, la nueva visión puso como principal valor el cómo se conseguían aquellas. Se buscaba la dificultad, pero de la manera más limpia posible. Había que escalar con el menor número de clavos y seguros y, por supuesto, sin agarrase a ellos. Lo ético era subir con las manos desnudas, incluso con los pies, renunciando a la ayuda que proporciona cualquier material. Al tiempo, se instauraron los entrenamientos específicos para la escalada. La consecuencia es que aquellos atletas, especialmente Le Blonde, elevaron la dificultad a niveles jamás antes logrados.

Cuerpo fibroso, melena al viento, Patrick Edlinger se erigió en el icono de esta filosofía heredera de la cultura hippie californiana. Le Blonde se convirtió en una megaestrella deportiva, especialmente en Francia, donde fué reconocido como una de las figuras más populares. Ganador de la segunda competición de escalada deportiva que se celebró en Europa occidental, en 1986 en Bardonecchia, Italia, una suerte de campeonato del mundo.

Convertido en leyenda, sus realizaciones eran seguidas por los medios de comunicación, protagonizando películas como La Vie au bout des dois (La vida en la punta de los dedos) y Opera Vertical con gran éxito de público. Escalador de altísimo nivel, realizó las más duras escaladas del momento, muchas de ellas en solo integral (sin cuerda ni otra medida de protección). Prueba de su compromiso fue el grave accidente que sufrió en 1995, al caer 15 metros mientras entrenaba y que estuvo a punto de costarle la vida. Tras aquello, se retiró de la escalada extrema. También dejó de practicar el solo integral con el nacimiento de su hijo, aunque siguió ligado a la montaña. Los últimos años mantuvo un albergue al tiempo que sufrió un deterioro reflejado en su otrora imponente físico, a causa de la bebida, que según otras fuentes, ha podido desencadenar la tragedia.

    El amor a la escalada como expresión suprema de libertad, el respeto más absoluto a la naturaleza escenario de sus hazañas, la superación constante de los límites físicos y mentales, el gusto por el riesgo extremo y la fidelidad a una vida alejada de la sociedad de consumo unidos a su físico de una belleza efébica, calaron profundamente en una sociedad que lo convirtió en mito, sentando las bases de una filosofía que hoy se aplica en muchos más deportes que la escalada deportiva.

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 Patrick Edlinger (Dax (Francia) junio 1960-Noviembre 2012 Palud- sur-Verdon (Francia). 










Comentarios

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